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Ciudades. Países. Calles. Gente que ya no existe.

Ellos nacieron en ciudades, países, calles que ya no existen.

Ella no puede recordar su primer exilio. Ha extraviado la medalla que da fe de su nacimiento histórico. Ochomesino. Casual. En Leningrado. No ha vuelto jamás. Hubiera podido ganarse el viaje de reencuentro. Desde La Habana. Visitar el hospital. El parque de la foto. El instituto universitario donde fue concebida. Ambos gobiernos lo daban como premio. En el cumpleaños 15. Pero llegó la Perestroika. La Glasnost. Y Leningrado se llama ahora San Petersburgo.

Finlyandsky Railway Station, 5 Lenin Square, San Petersburgo, 2010

En La Habana leemos sobre una Primavera de Praga…

…sobre un Mayo del ’68, una Plaza de Tian’anmen, que no le habían sido contados a nuestra generación. Que no estaban en los libros de historia escolar. Caminamos por calles de doble nombre: Carlos III es también Salvador Allende, Reina es Padre Varela, Calzada de Infanta es Avenida de Menocal, Teniente Rey es Avenida de Brasil, Galiano es Avenida de Italia, G es la Avenida de los Presidentes (de los presidentes neocoloniales antes, y hoy de latinoamericanos ilustres) … todos los nombres al mismo tiempo. Recuerdo paralelo de épocas diversas. Historias diversas. Futuros luminosos posibles diversos.

Alemania Oriental despidió al último soldado rojo…

…Derrumbó los muros. Invadió a otra Alemania. Occidental. Invadió a Europa. ¿O fue invadida? Ahora es apenas un mal ejemplo histórico. Oportunamente contado en los aniversarios. Mostrado como antípoda en las nuevas discusiones políticas. Berlín es una sola. Vende a los turistas trozos infinitos, inagotables, del muro. Marx y Engels, frente a la torre de televisión, son apenas dos señores de metal fundido, olvidados bajo la nieve. La ciudad Karl Marx volvió a ser Chemnitz.

Karl Marx y Friedrich Engels bajo la nieve de Berlín-Alexanderplatz

Polonia disputa en las noticias antiguos territorios ocupados por los alemanes, sabotea decisiones de la Unión Europea, publicita “el milagro polaco”. Hungría ya no envía manzanas a nuestros supermercados. Ahora recuerda los alzamientos del ’56, los tanques soviéticos entrando en Budapest, “las primeras señales del derrumbe”.

En La Habana, un Círculo Infantil se llama aún Futuros Comunistas (y creo que algunos todavía miramos con nostalgias a esos niños que juegan en su patio) (extrañas, grandes, inexplicables, terribles, dolorosas, ingenuas, viejas nostalgias) (nostalgias de las que al mismo tiempo nos burlamos) (socarronamente) (candorosamente) (tristemente).

Ella anda por el mundo con tres pasaportes y cuatro nostalgias…

…No es la única. Un ejército de pasaportes, mundos, nostalgias hacen la envidia de los que no se mueven.

Ellos (aquellos) no se fueron por el Mariel. Apostaron a otro futuro luminoso. Volvieron de Etiopía, Angola, Libia. Alguno ganó un carro ruso. Un Lada. Un apartamento. Diplomas. Medallas. Una convicción. Tres orgullos.

LADA: parado por reparaciones, en La Habana.

Ellos (otros) caminan por el cementerio de la Habana. Se esconden de la ciudad que existe. De la gente que existe. En otra ciudad. Otros nombres. Fechas. Historias. Que ya no existen. Quizás sólo así ellos mismos en este instante tampoco existan. Quizás sólo así nadie vea que se acercan. Peligran. Inventan roces ridículos (a cambio de una posibilidad que no existe). Confiesan cómo quieren morir. Quizás porque así dejan de preguntarse por vivir alguna vida. Algún segundo juntos. Que no existe.

Aquellos se van…

…Con un solo pasaporte. Con más de cuatro nostalgias. A sumarse a la envidia de los que no se mueven: otro apartamento, otro perro, otro carro, ningún diploma, ninguna medalla, otros orgullos, otros amigos.

Ellos (los otros) se quedan…

…En La Habana. En una Habana de pocos amigos, de tertulias incompletas. De recuerdos. De nostalgias.

La Habana

Marzo 2, 2007