Archivo de la etiqueta: Guanajay

“Te extraño… ¿Cuándo tú vienes?”

         

En Guanajay, el miércoles pasado, “Tía China”, mi tía-bisabuela -que es maga y ha curado los empachos del pueblo entero desde que una cigüeña negra, cimarrona, la trajo a Labana en 1913-, cumplió 98, casi 100… Un día después, en el Cotorro, mi madre -maga también desde que llegara a Labana, en un avión de Interflug, en 1981, llegó a 55. Sigue leyendo

“Wszczęciu”

… Así dice el Google Translator que se escribe en polaco el título contrario a mi post anterior, “Koniec”.

Ctrl+Alt+Del

“Inicio”, debía llamarse este. Porque hoy morí y nací un par de veces. De pronto. Solitaria, insignificante. Sin que nadie más que yo estuviera para verlo. Para exagerarlo. Para estar todavía, sentada frente a la pantalla de la PC, con ganas de tomarme un trago de Havana Club: a mi salud (y la de mi familia).

Después de una mañana totalmente improductiva y desganada, a las 5 de la tarde, con apenas un vaso de leche en el estómago y varias horas escuchando a Tanya, a Gema 4, y a  Gema y Pável en You Tube (por favor, no me pregunten por qué, pues no lo sé!), me fui al supermercado. A la vuelta, cargada, en bicicleta, frené, abrí la puerta de la entrada, alcé el timón para entrar al sótano y… me quedé con el timón y el tenedor separado de la rueda delantera. Vine así desde el super… ¿1 km, 2, no sé? Podía haber perdido la rueda en el cruce de tres calles y el tranvía. No habría tenido tiempo ni control para reaccionar. Pero llegué. Morí  sólo un segundo, en ese cruce. En mi mente. Mientras la rueda caía delante de mi puerta.

Ya en casa, frente al computador, el blog de un amigo me alertó de un temblor de tierra en Artemisa (el pueblo vecino de mis abuelos en la provincia de La Habana). No pude terminar de leer. Se me aceleró la respiración y marqué volando un número de teléfono. Ellos están bien. No supieron siquiera cuándo tembló la tierra. Lo vieron en las noticias. Prensa Latina dice que fueron un temblor de 4,1 grados en la escala de Richter, dos réplicas de 3 y una de 2,8 grados. Mi abuelo, que escuchó no sé donde que algo así había sucedido alrededor de 1858… Y que la falla tectónica afecta la zona de Santa Cruz, Guanajay, Mariel, Artemisa… Y que él no sabe qué es lo que está pasando, dice (que para él que los científicos andan haciendo “juegos diabólicos”  y removiendo la tierra por todo el planeta).

Entre terremoto y bicicleta, se me tupió la lavadora, se me enfrió el café, me olvidé de guardar a tiempo la compra en el refrigerador y un largo etcétera de ínfimas desgracias personales de este sábado me confirman que debo poner punto, final, “koniec”, y empezar de cero, re-iniciar el día, re-novar, “wszczęciu”. Cerraré los ojos. Pondré el despertador para dentro de un minuto. Los abriré. Me tomaré un trago de ron. Con la barriga vacía. A mi salud. Y la de mi familia. Y me prepararé un almuerzo rápido, de 8 y media de la noche, “antes que anochezca”.