¿Por qué LaBaNA?

Una periodista me envió estas preguntas sobre mi blog y se olvidó de avisarme que ya habría publicado una reseña para la fecha en que yo volvía de viaje y podría responderle, así que les dejo estas respuestas a mí misma aquí, en su nido natural… quizá la única que verdaderamente importa, la verdadera razón de mi insistencia en LaBaNA… es la tercera.

Se oculta en Berlín y aún brilla en Labana. Se oculta en Labana y ya brilla en Berlín, y en Bonn, y... ¿en todas partes?

Se oculta en Berlín y aún brilla en Labana. Se oculta en Labana y ya brilla en Berlín, y en Bonn, y… ¿en todas partes?

¿Cómo definirías tu blog?

…justo como lo defino en la web, creo que no le quitaría ni le pondría ni una coma… “La’BaNA… es mi blog personal. Aquí publico lo que me quita (o me regala) el sueño. Si buscas información objetiva sobre Cuba, Alemania o cualquier sitio del planeta, estás en la URL equivocada ;-)”

¿Cómo pensaste el blog antes de abrirlo y cómo lo piensas hoy?

No lo pensé antes de abrirlo. Estaba envuelta en los textos y lecturas del mundo académico (planeando hacer una tesis de maestría al mismo tiempo que una de doctorado). Y recordé que había elegido la carrera de periodismo porque quería ser escritora, que hacía mucho tiempo que apenas intentaba hacerme pasar por lo uno, ni por lo otro, y que tenía tan poco sentido ser un escritor sin libro como un periodista sin periódico. Así que me abrí un blog en blogspot y publiqué ahí un par de textos viejos: un artículo resumen de mi tesis de diploma, que había publicado en la revista Caminos, sobre la imagen de Cuba que compartían diversos grupos de jóvenes habaneros; una especie de cuento-desvarío literario, que había escrito por ahí en un momento de crisis personal; y alguna crónica sobre mi primera nevada adulta, escrita en medio de una noche de insomnio, durante mi primera estancia de investigación en Alemania. Después de eso, poco a poco, sin ninguna sistematicidad, fui publicando textos más parecidos a lo que llamamos “post” o entradas de un blog. Eso sí, solo cuando tenía la necesidad de compartir un par de impresiones, un par de fotos, y cuando tenía conexión, que casi siempre era cuando estaba en el extranjero, porque desde la Universidad de la Habana, donde impartía clases entonces, me era prácticamente imposible dedicar mis pocas posibilidades de conexión al blog, en vez de al correo electrónico y a mis propias investigaciones o las de los alumnos que tutoraba entonces en la Facultad de Comunicación.

Hoy, para ser sincera, tampoco lo pienso mucho. El blog está ahí. Ahora mudado a wordpress, pues un día descubrí que esta otra plataforma me daba menos posibilidades de diseño pero mayores oportunidades de registrar las estadísticas y saber quién, desde dónde y quizás hasta por qué me leían. Me sirve para seguir a quienes voy incorporando a mi blogroll, para intercambiar con amigos, conocidos, nuevos conocidos virtuales y desconocidos. En algún momento, cuando me postulé para trabajar en el servicio online en español de la Deutsche Welle (la cadena internacional de medios de Alemania), me sirvió para ensayar lo que decían los libros que debía “saber hacer” un periodista digital o multimedia. Y ahora que ya hago ese trabajo en la web de Deutsche Welle, sigo ensayando alguna que otra cosa en el blog, pero más que nada sigo publicando sin ninguna sistematicidad, cuando algo, a veces muy personal, me lo pide a gritos: una opinión, algunas impresiones, un recuerdo, una rabieta, una tristeza, una alegría, un descubrimiento, una decepción, una preocupación, un viaje, un texto en alemán que me reclama ser traducido para poder compartirlo en español…

¿Por qué intentar mantener La Habana en todas partes, por qué no dejarla aquí donde geográficamente está?

Yo no intento “mantener” a Labana en todas partes, yo estoy convencida de que nuestra ciudad-isla “está” en todas partes. Ya sé que la mayoría de los que viven dentro de sus límites geográficos no lo creen así, y que (aunque sean mis amigos queridísimos o incluso mi familia) me lo recordarán, de vez en vez, cuando sientan que no tengo derecho a vivirla y sobre todo a reprocharle pasados o proyectarle futuros desde fuera de esos límites geográficos. Porque para ellos, como para mí hace algunos años: “Labana está en Labana”. No obstante, la ciudad-isla que yo vivo, la que yo conozco, la que yo siento, la que yo soy, “está” en todas partes. Y no se trata de que sea una ciudad especial, más especial que cualquiera en el mundo, como solemos creer muchas veces los habaneros, los cubanos todos, que generalmente hemos visto y vivido poco del resto del mundo. Para mí se trata más bien del convencimiento de que Labana, como Bonn o Berlín, no se acaba en sus límites geográficos. Para mí la ciudad, que es además “mi isla”, “mi país”, más que una ciudad, más que una isla, más que un país, es un sentimiento, o muchos sentimientos, muchas historias personales, muchas historias familiares, una buena parte de mi manera de mirar el mundo. “Labana es un invento”, como dice Gema Corredera en un documental que ya comenté en el blog. No es el lugar donde nací. Ni es todo lo que soy. Y ya sé que tampoco será el lugar donde nazcan mis hijos. Ni todo lo que serán. Porque ellos, como yo, vivirán y serán también otras ciudades, otras islas, otros países. Pero, al menos para mí, Labana es y seguirá siendo, ya lo escribí en el treinta aniversario de mi primer aterrizaje en Guanajay (el primero de mis muchos otros puertos habaneros): “la isla donde me convertí –madre (alemana) e innumerables conexiones trasatlánticas de por medio– en la mayor parte de lo que soy”.

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2 Respuestas a “¿Por qué LaBaNA?

  1. regalsolomon@gmail.com

    Cuán cierto! Lo que somos lo llevamos adentro. Dijo Hemingway que París es una fiesta portatil que se iba con uno a dondequiera que uno íba. Se refería por supuesto a aquellos que la habían disfrutado. Yo llevo conmigo un poquito de LA HABANA, no mucho porque me fuí muy pequeño. Llevo mucho de California donde crecí, de México, dónde pasé tantos veranos montando a caballo en el rancho de unos tíos. Llevo a toda Francia conmigo tras recorrerla de punta a cabo numerosas veces y residir en París. Agreguémosle a la receta 7 años en Taiwan, 3 en Seúl, 3 en Shanghai, uno en Arabia Saudita y la mitad de otro en Istanbul. Hoy soy la suma de muchas partes entretejidas dónde a la vez hay numerosas incoherencias y partes que no se encuentran. Soy más cubano que Martí y más americano que Washington, y llevo adentro un francés que me habla en Italia aún cuándo quiero silenciarlo. Tanto así que mi italiano no fluye…el francés siempre surge a controlar mi lengua. Soy un poco de todo y quizás no sea nada. Quiero pensar que La Habana, París, México, Taiwán, Seúl, Ad Dammam, e Istanbul viven en mí, aunque a veces me parecen sueños de otros mundos. Quizás soy un loco que creo haber vivido todo eso. Quizás es mi vida solo una pesadilla y despertaré de nuevo en La Habana donde nací. Y reiré. Quizás como el niño de Coehlo en el Alquimista, volveré a mis raíces. Aramís el Mosquetero – Sultanato de Omán -Golfo Pérsico.

  2. regalsolomon@gmail.com

    Tú vives en LABANA porque LABANA vive en tí con todo su perfume, sus colores, sus atardeceres almibarados, sus puestas de soles anaranjados. Sus rincones, su gente, su acento, su ritmo, su aliento, su Malecón, y su música, su paso acelerado. No puedes olvidar el canto de una mulata, el sacudir de una sábana que danza en la brisa de una tarde primaveral. Su olor a tabaco, a manzanilla, a canela, a café, a agua de colonia, a bistec empanizado, a limón, a granizado, anís, a vainilla, a tostones, a fricasé, anón, a arroz con frijoles negros y … Tu Habana tiene sus limites demarcados. Pero LABANA que vive en tu alma y tu espíritu, NO! Esa vuela, tiene alas y se desplaza por doquier – por los espacios y las rendijas. Esa se desliza. Se traspasa. Se pasa. Se sube. Se baja. Esa viaja. Y se fué contigo y contigo está y estará por siempre y para siempre y por un tiempo y todos los tiempos.

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